- La Biblia dice: De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan.
- Porque él la fundó sobre los mares, y la afirmó sobre los ríos.
- ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo?
- El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni ha jurado con engaño.
- Él recibirá bendición de Jehová, y justicia del Dios de salvación.
- Tal es la generación de los que le buscan, de los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob.
- Oh mi Cristo, los que en tu santo nombre bendigan,
- serán tus consagrados hijos.
- Y la sabiduría de lo alto,
- les será propicia para estar en tu regazo.
- Porque de tu majestuoso perdón,
- los revestiste, oh Señor.
- Oh Cordero inmolado,
- nadie ha habido con más pureza,
- de un madero colgado.
- Y es que, únicamente en tu glorioso nombre, está la eterna certeza.
- Oh Santo de Israel,
- tu verdad es tan ilimitada, que no cabe en el universo.
- Por tal motivo, oh Rey de la gloria, la grandiosidad de tu fe,
- es capaz de convertir al más vil inconverso.
- Oh Sumo Alfarero,
- cuando tu perfecta rueda,
- da vida a un ser nuevo,
- es manifiesta tu gloria excelsa.
- Oh Eterno,
- a través de la transparencia de tu pureza,
- se ve el prodigioso cielo;
- esa es nuestra sublime certeza.
- Paz de Cristo
- Jesús, dijo: La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz;
- pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?
- Oh mi Cristo, de tu gracia emana la plenitud.
- El fatuo yerra, y elige otras tenebrosas sendas.
- Oh Hijo del Hombre,
- las manifestaciones de tu reino son prodigiosas.
- Y es en el nombre que es sobre todo nombre;
- donde, desde la eternidad y hasta la eternidad, son sobrenaturalmente gloriosas.
- Oh gran Dios,
- desde la bóveda celestial nos miras con inmensa piedad.
- Y no otros, sino tus siervos consagrados,
- testificamos como heraldos de la verdad.
- Oh Rey de reyes y Señor de señores.
- los milagros que Tú haces en nuestras vidas, son de muy difícil valoración;
- porque tus misericordias y favores,
- son tribializadas por el insolente corazón.
- Oh Alfa y Omega,
- tu perfecto y sobrenatural juicio,
- acontecerá en nuestra existencia,
- cuando Tú, oh Señor Soberano, hagas el enésimo prodigio.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.
- ¿Qué haré a ti, Efraín? ¿Qué haré a ti, oh Judá? La piedad vuestra es como nube de la mañana, y como el rocío de la madrugada, que se desvanece.
- Por esta causa los corté por medio de los profetas, con la palabra de mi boca los maté; y tus juicios serán como luz que sale.
- Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos.
- Oh mi Cristo, por tu excelsa diestra,
- se ha hecho manifiesto lo que en la universalidad acontece.
- Y seguiremos tu sagrada huella indefectible,
- para en el día postrero ser salvos.
- Oh Rey de la gloria,
- lo que nuestra alma profesa a tu obediencia,
- es diametralmente opuesto a la que nos demanda tu santísima memoria,
- en su providencial excelencia.
- Oh Santo de Israel,
- existe una infructuosa equidistancia,
- para hacer honor al don de la fe,
- que derramada fue sobre tus siervos con suma gracia.
- Oh Cristo Altísimo,
- inmerecidamente nos has dado, el límpido y prodigioso aire que respiramos, para contemplar el firmamento estrellado.
- Y exultantes gracias te doy, por permitirnos entrar con libertad en el Lugar Santísimo,
- para quebrantarnos en espíritu y en verdad, con el corazón contrito y humillado.
- Jesús, dijo; De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis.
- Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane.
- Oh Eterno, ¿de todos los que no han conocido la verdad, a cuales con tus inescrutables designios santificaréis?
- El único que lo sabes eres Tú, oh Hijo del Hombre, por ser Dios manifestado en carne.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos.
- Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial;
- pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos.
- Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida.
- Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu.
- Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entretanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor
- (porque por fe andamos, no por vista);
- pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor.
- Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables.
- Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.
- Oh mi Cristo, todos tus siervos,
- estamos necesitados del poder espiritual,
- para ser tus verdaderos hijos.
- En tu santidad nuestra alma ha de estar concernida,
- oh Altísimo Cristo.
- Oh Omnipotente Redentor,
- asido ha de estar a la Sagrada Palabra,
- nuestro sobredimensionado candor.
- Y contar a los inconversos las glorias irrefutables,
- del Evangelio santo.
- Oh Cristo Redentor,
- los inmundos tildan de vano tu sacrificios en la cruz.
- Y es que, no saben que en tu excelso amor,
- esta nuestra eterna salvación, nuestra única y gloriosa luz.
- Oh Todopoderoso Jesucristo,
- presérvame de todo trapo de inmundicia.
- Y haz que a toda verdad me lleve el Santo Espíritu,
- para ser mi pronto auxilio, ante la execrable estulticia.
- Oh Santo,
- en tu sobrenatural diestra,
- nuestro devenir figura prodigiosamente escrito; para que cada uno, de gracia sea salvo,
- Oh Señor, con tu piadosa aquiescencia.
- Oh Eterno,
- con tu majestuoso poder,
- resistiremos al que nos quiere llevar al infierno.
- Y para tal fin, Oh Rey de reyes, en tu santo nombre indubitablemente hemos de creer.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Dios, Dios mío eres tú; de nadrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas,
- para ver tu poder y tu gloria, así como te he mirado en el santuario.
- Porque mejor es tu misericordia que la vida; mis labios te alabaran.
- Así te bendeciré en mi vida; en tu nombre alzaré mis manos.
- Oh mi Cristo, sólo proclamaré en tu santo nombre las más gloriosas alabanzas,
- para glosar tu excelsa bendición en mi ideario.
- Oh Rey de reyes, tus preceptos me santificarán,
- cuando por tu admirable luz me sean revelados.
- Oh Sumo Hacedor,
- por la magnificencia de tus misericordias he sido usado;
- y espero fervientemente que con la piedad de tu amor,
- me continúes sine díe usando.
- Oh gran Dios,
- con la única finalidad de agradarte, anhelamos que nuestro corazón de vida a tu bendita ofrenda.
- Y son los siervos consagrados,
- oh Señor, los que no pondrán límites a tu sagrada senda.
- Oh Santo,
- nunca podremos deshacer el agravio ejercido vilmente sobre tu santísima gloria.
- Pero nos manifestaste tu majestuoso perdón, crucificado en la cruz del Calvario,
- para darnos tu similar y eterna victoria.
- Oh Eterno,
- de gracia he testificado la Sagrada Palabra,
- anunciándola desde Sion que es tu santo viento,
- para dar el conocimiento espiritual al mundo, de que Cristo Jesús nos ama.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios.
- Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane.
- Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado.
- Voz que decía: Da voces. Y yo respondí: ¿Qué tengo que decir a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo.
- La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de Jehová sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo.
- Sécase la hierba, marchitase la flor; mas la palabra del Dios nuestro pernanece para siempre.
- Oh mi Cristo, Tú das las buenas nuevas de salvación eterna a los necios,
- y en ella les alistaste.
- Todo ser humano podrá ser bienaventurado;
- si se rinde a tus pies, oh Santo.
- Y en el cielo,
- oh Señor, gracias a tu gran misericordia, estará escrito para salvación su humano nombre.
- Oh Hijo del Hombre,
- a tu imagen, y conforme a tu semejanza nos hiciste.
- Pero he de creer en tu majestuoso nombre,
- para en él poder santificarme.
- Oh Cristo Redentor,
- tu sacrificio en la cruz del Calvario, redimió nuestros pecados y santificó nuestro ser.
- Guarda a los impíos en tu candor,
- y les doblegará, oh Rey de la gloria, tu sobrenatural fe.
- Oh Cristo Jesús,
- en la senda sagrada, por fe vemos tus huellas.
- E interiorizar tu plenitud,
- es anunciar el Evangelio a las almas irredentas.
- Oh Eterno,
- danos sabiduría de lo alto a tus esforzados siervos.
- Y será en el yermo desierto,
- donde se abrirán tus gloriosos cielos.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado;
- como hijos obedientes no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia;
- sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;
- porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.
- Oh mi Cristo, tu sobrenatural faz, únicamente la verá el que por completo se haya santificado;
- y se guarde en la Palabra de excelencia,
- hasta el fin,
- para ser de gracia el siervo salvo.
- Oh Sumo Hacedor,
- dame sabiduría de lo alto,
- para no participar del execrable desamor.
- Mi gran deuda con el Todopoderoso Señor y Salvador Jesucristo es ser santo.
- Oh Santo de Israel,
- Tú nos enseñaste a resistir al maligno.
- Y ha de intervenir siempre la fe,
- para humillarse fervientemente en el Lugar Santísimo.
- Oh Cristo Redentor,
- tu sacrificio en la cruz,
- nos hizo interiorizar la inmensidad del amor,
- en su inconmensurable plenitud.
- Oh Cristo Omnipotente,
- nada hace oposición a tu excelsa gloria.
- Y el que busca tu rostro incesantemente,
- oh Señor, verá tu santa faz en la eterna victoria.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos.
- Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, o escultura de arte y de imaginación de hombres.
- Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan;
- por cuanto han establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.
- Oh mi Cristo, a los que te amamos, todos tus designios nos son glorioso,
- porque de gracia son sus bendiciones.
- Que los preceptos bíblicos siempre sean,
- los que guarden de toda vicisitud a tus auténticos siervos.
- Oh Cristo Jesús,
- las idolatrías devastan a la humanidad, seducida por sus obscuras concupiscencias.
- Y estos obscenos obstáculos no nos dejan ver tu admirable luz,
- haciendo apostasía, oh Señor, de tus excelencias.
- Oh Santo de Israel,
- toda nuestra caótica incertidumbre,
- es suplida piadosamente por la sobrenatural fe,
- que vivifica y renueva la ociosa mente de su maligna servidumbre.
- Oh Rey de reyes,
- lava todo nuestro ser de la impureza idolátrica.
- Rae, oh Santo, todas las aberraciones ancestrales,
- que han hecho a nuestra alma séptica.
- En aquella misma hora Jesús se regocijo en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó.
- Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.
- En nada intervino el ser humano, en lo que el Eterno creó,
- Y es que, Él nos amó primero, para poder nosotros amar.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido,
- lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduria humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.
- Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.
- En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie.
- Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.
- Oh mi Cristo, a tus genuinos siervos los has bendecido,
- y sanados de todo mal.
- Y es que, oh Señor, Tú eres omnisciente;
- y la Sagrada Palabra que sale de tu boca, su gloriosa acción cumple,
- porque a toda verdad la lleva el Santo Espíritu.
- Oh Hijo del Hombre,
- Tú nos has enseñado con grandísimo celo la sabiduría de lo alto.
- Y la revelación del nombre,
- nos ha dado, oh Rey de la gloria, tu espiritual conocimiento.
- Oh Rey de reyes,
- desde antes de nacer,
- Tú nos provees,
- para en tu santo nombre creer.
- Oh Cristo Altísimo,
- grandioso es perseverar en santidad.
- Y sólo el que es tu verdadero hijo,
- verá la santa faz.
- Oh Alfa y Omega,
- Tú eres el camino, la verdad y la vida.
- Y únicamente el que hasta el fin persevera,
- hará a su alma bendita.
- Paz de Cristo
- La Bibia dice: Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.
- ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?
- Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
- Oh mi Cristo, guárdanos de nuestra propia prudencia;
- porque aun con tu gloriosa advertencia, pecamos.
- ¡Sí, los que creemos fatuamente, que ya hemos traspasado la meta de los santificados!
- Oh Sumo Formador,
- porque tus preceptos bíblicos, no son de atrezo.
- Y para su cumplimiento, has de obrar con inconmensurable amor;
- única espiritualidad, que nos evitará cometer el enésimo tropiezo.
- Oh Cordero inmolado,
- en tu execrable sacrificio de cruz en el Calvario, nos revelaste la gracia de tu preciosa sangre derramada.
- Y por la indefectible obediencia del bienaventurado,
- se nos abrirá la puerta de la celestial morada.
- Oh Santo,
- en tu ministerio público,
- jamás se advirtió en las huellas de tu senda sagrada, la doblez del pecado;
- por ser Tú, oh Hijo del Hombre, el Dios único.
- Oh Eterno,
- haz que el mayor regocijo de nuestro espíritu,
- sea que nuestros nombres estén escritos en el cielo,
- para que Tú, oh Cristo Jesús, seas nuestro eterno destino.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Toda palabra de Dios es limpia; Él es escudo a los que en él esperan.
- No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso.
- Oh mi Cristo, los que doctrinalmente en tu santo nombre suman,
- nunca les lastrarán las insolencias de lo ocioso.
- Oh Cristo Redentor,
- en tu abominable ajusticiamiento en la cruz del Calvario;
- no hiciste distingos, en la redención, entre tal o cual malhechor,
- porque cualquiera que se arrepintiese de sus pecados, podía acceder al celestial santuario.
- Oh Sumo Alfarero,
- con la gloriosa pericia de tu sobrenatural rueda,
- hacías el perfil perfecto,
- de toda alma nueva.
- Oh Cristo Jesús,
- recibimos con grandioso fervor,
- tu espiritual plenitud;
- y es que, no fuimos engendrados por obra de varón, sino por tu excelso e inmarcesible amor.
- Oh Sumo Creador,
- contemplando tu universo sublime;
- emana de su estela el candor,
- del que exalta al gran Yo Soy, como viendo al Invisible.
- Paz de Cristo
- Jesús, dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.
- Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?
- Oh mi Cristo, no medió tiempo en ninguno de tus milagros; y cada uno, en un prodigioso de repente fue hecho veraz.
- Y ante tal manifestación de gloria, los que lo vieron no daban crédito.
- Oh Rey de reyes,
- no tendrían cabida la interminable estela de milagros, si hubieran sido anotados en todos los libros de la tierra.
- Gracias te damos, oh Señor de señores,
- porque en cada paso que hubiste dado, se manifestó tu gloria excelsa.
- Oh Cristo Jesús,
- nada fue inverosímil en la universal creación.
- Y se que, en tu inaccesible luz,
- se perpetúa la santa unción.
- Oh Alfa y Omega,
- en tu sagrada senda, el misterio siempre acontece.
- Y es que, el ser humano la desconoce,
- por ser eterna.
- Oh Eterno,
- tus santísimos caminos son ignorados;
- porque el que hace desden del cielo,
- nunca creyó en la bendita gloria de los bienaventurados.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.
- Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré;
- y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.
- Oh mi Cristo, todos los miembros de la inicua humanidad, con el corazón pétreo la Sagrada Palabra refutáis;
- pero a toda alma en obscuridad radiante luz le pondré,
- para que en el día postrero sea de celestial salvación.
- Oh Cristo Redentor,
- tu muerte, y muerte de cruz en el Calvario, fue un punto de inflexión.
- Y es que, en tu sublime e inconmensurable amor,
- aún se sigue oyendo el eco, oh Rey de reyes, de tu majestuoso perdón.
- Oh Fiel y Verdadero,
- como el límpido aire que respiramos, a nuestro espíritu no le fue limitada su libertad.
- Sin embargo, en el día postrero,
- tendremos que dar cuenta al que no nos puso límites en el cumplimiento de su santísima verdad.
- Oh Santo,
- Tú eres ubicuo en la inmensidad
- del universo creado.
- Y a tus hijos, en cada acción y pensamiento nos demandas primorosa santidad.
- Oh Eterno,
- no hay mayor regocijo en tus siervos,
- que el poder ver sus nombres escritos en el cielo,
- para morar por gracia, oh Altísimo Cristo, en tus gloriosos aposentos.
- Paz de Cristo
- Jesús, dijo: Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.
- Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.
- Más cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha,
- para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.
- Oh mi Cristo, únicamente tus probos siervos,
- son los auténticos merecedores de estar en la gloria eterna.
- Pero el séptico y vil, que sólo profiere endecha;
- conocerá de primera mano lo letal, por haber sido infame, abyecto e impúdico.
- Oh Cordero inmolado,
- tu gloria excelsa se manifestó en el altar de inconmensurable sacrificio, levantado en la cruz del Calvario, para redención de toda la humanidad.
- Y Tú, después del tercer día insepulto, fuiste el Todopoderoso Señor resucitado,
- consumando la única, santa y perfecta verdad.
- Oh Cristo Altísimo,
- el falsario impostor, nunca interiorizó tu muerte, sepultura y resurrección.
- Y no le cabe otra manera, que el quebrantamiento de espíritu en el Lugar Santísimo.
- Y el arrepentimiento, oh Señor, postrado a tus santísimos pies, con su humillado y contrito corazón.
- Oh Fiel y Verdadero,
- nadie sabe de tu Sagrada Palabra,
- leer los espacios de silencio;
- porque ese espacio, el Santo Espíritu se lo revela, al que con grandioso celo a Dios ama.
- Oh Eterno,
- Tú conoces el pensamiento de cada corazón;
- pero para abrir la puerta del cielo,
- oh Rey de la gloria, Tú has de confrontarlo con su intención.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Amados hermanos míos, no erréis.
- Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.
- Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.
- Oh mi Cristo, del abismo todos los profanos seréis;
- por ser las infamias de vuestro corazón,
- diametralmente opuestas a las Sagradas Escrituras.
- Oh Santo de Israel,
- toda la humanidad,
- esta hecha de una sola sangre.
- Pero cada una de las almas creadas, derivan en su inclinación por la bondad o por la maldad.
- Oh Sumo Alfarero,
- de un barro terrenal,
- hiciste el vaso perfecto;
- siendo siempre su gloria, de la gracia celestial.
- Oh gran Dios,
- irrefutable es, que Tú eres uno.
- Y son tus bíblicos preceptos,
- los que inequívocamente aseguran, oh Señor, que Tú eres único.
- Oh Alfa y Omega,
- tu eternidad para el ser humano es inescrutable.
- Y lo que Tú has dispuesto, parte de la gloriosa certeza;
- porque el siervo que ha sido engendrado por la Sagrada Palabra, traspasará el umbral inefable.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino,
- que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.
- Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias,
- y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.
- Oh mi Cristo, nada nos será digno, que esté basado en la humana doctrina de lo efímero;
- porque en ella se engloba la apostasía.
- Y será la Sagrada Escritura con sus enseñanzas preceptivas,
- la que nos dará el conocimiento, sin tacha de sus benditas promesas.
- Oh Cristo Redentor,
- meridiano fue tu ajusticiamiento, en la cruz del Calvario, por toda la humanidad.
- Y en tu sacrificio, oh Señor,
- vertiste por activa y por pasiva la santísima verdad.
- Oh Hijo del Hombre,
- no exite nada más cuantitativa y cualitativamente santificado,
- que la sobrenatural revelación de tu majestuoso nombre;
- si el que la recibe, en espíritu y en verdad anhela ser bienaventurado.
- Oh Sumo Creador,
- desde la eternidad, y hasta la eternidad, Tú nos hiciste ver lo que antes no se veía.
- Es decir, que toda la universal creación, fue hecha por tu excelso amor.
- Y el ser humano, hecho a tu imagen, y conforme a tu semejanza; sea, por gracia, el que en tu santo nombre se gloría.
- Oh Rey de la gloria,
- a tus genuinos siervos los escogiste antes de nacer.
- Y sabes que testificaríamos de tu gloriosa memoria;
- porque en tu nombre que es sobre todo nombre, hemos podido creer.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: oh Jehová, tú me has examinado y conocido.
- Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos.
- Has escudriñado mi andar y mi reposo, todos mis caminos te son conocidos.
- Pue aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.
- Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano.
- Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender.
- Oh mi Cristo, por la revelación de tu glorioso nombre, fui celestialmente bendecido;
- e interioricé la plenitud de la sabiduría, al formar parte de tus espirituales conocimientos.
- Oh gran Dios, por tus sobrenaturales milagros, hemos sido conmovidos,
- pero no enraizaron en la séptica alma;
- porque hasta la sangre, oh Santo,
- en tu majestuoso nombre no pudieron creer.
- Oh Sumo Hacedor,
- por haber sido creados a tu imagen y semejanza,
- todos y cada uno de los seres humanos, tenemos en nuestro corazón un nimio resquicio de amor,
- para poder compartirlo con nuestro prójimo, al margen de la ignominiosa asechanza.
- Oh Rey de reyes y Señor de señores,
- la opacidad de nuestra mirada,
- nos impide ver, tus benignos e innumerables favores,
- que instan a nuestra alma a ser bienaventurada.
- Y apostararon del gran Dios crucificado
- Oh Sumo Alfarero,
- Tú nos has transformado, en tu perfecta rueda,
- para ser en tu santo nombre, un vaso nuevo;
- pero ahora, indefectiblemente habremos de superar la angosta prueba.
- Oh Cristo Jesús,
- Tú nos proveiste del santísimo perdón,
- desde la execrable cruz;
- pero la inicua humanidad, oh Eterno, ha hecho desdén de tu gloria, para someterse a la disoluta perdición.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Y después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de éstas.
- Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono uno sentado.
- Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda.
- Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas.
- Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios.
- Y delante del trono había un mar de vidrio semejante al cristal; y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás.
- El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando.
- Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir.
- Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos,
- los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo:
- Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.
- Oh mi Cristo, una santidad inusitada preside tus gloriosas obras;
- y a los que somos tus verdaderos siervos nos has santificado.
- Tu Sagrada Palabra, por nuestra alma ha sido interiorizada,
- para que en tus heraldos al predicarla, sólo den conocimiento de sus benditas certezas.
- Oh Santo, porque a tus hijos bienaventurados,
- en cada momento, el Evangelio de la gracia revelarás.
- Oh gran Dios, ante todo espíritu nefando,
- recibiremos tu sobrenatural protección; porque Tú eres el primero y el último, el principio y el fin.
- Oh Eterno, has hecho hijos dignos,
- a los siervos que asumieron,
- todas tus santísimas promesas irrefutadas.
- Oh Santo de Israel,
- la inmensidad de tu belleza es inmarcesible.
- Y a traves del don de la fe,
- es nuestra vida gloriosa e incorruptible.
- Oh Cristo Jesús,
- no existe mayor gozo, que dar a conocer tu Sagrada Escritura, con la poesía Cristocéntrica inspirada en tu majestuoso nombre.
- Y no por otra, sino por la admirable luz,
- del Hijo del Hombre.
- Oh Alto y Sublime,
- a tu santa voluntad estoy asido.
- Y que la bendición, oh Señor, de tu excelsa diestra sea impredecible,
- es mi glorioso destino.
- Oh Todopoderoso Señor y Salvador Jesucristo,
- contemplar tus universales hechos perfectos, nos hacen percibir la gloria.
- Y es que, llevados a toda verdad por el Santo Espíritu,
- imperecedera será la victoria.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice; El fin de todo discurso oído es éste: Teme a Dios, y guarda sus mandamiento; porque esto es el todo del hombre.
- Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.
- Oh mi Cristo, por tu gloriosa justicia, nos ha sido revelado tu santo nombre.
- Y por ser tus genuinos siervos, predicaremos sin desmayo la Sagrada Palabra.
- Oh Rey de reyes,
- desde ahora y para siempre,
- de la excelsa verdad del Evangelio de la gracia, no habrá lugar a los impostores;
- por ser la chusma vil e irreverente.
- Oh Cristo Jesús,
- en la entenebrecida tiniebla,
- el altivo nunca vio luz,
- porque le venció su arrogancia perversa.
-
- Oh Sumo Alfarero,
- del que se perdió,
- Tú hiciste un vaso nuevo;
- y de gracia, vida eterna recibió.
- Oh gran Dios,
- de tu majestuosa unción,
- no se revistieron todos.
- Y doctrinas de hombres predicaron los fariseos, con la séptica vanidad de su inicuo corazón.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron;
- y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
- De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocimos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así.
- De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
- Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación;
- que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándole en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.
- Así que somos embajadores en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.
- Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
- Oh mi Cristo, porque todos los del mundo fueron,
- a la salvación llamados.
- Y en tu sacrificio de cruz al fin,
- a ningún alma repruebas.
- Y es que, oh Señor, en tu majestuoso perdón,
- nos redimiste de toda condenación.
- Y esto propiciarás a los siervos consagrados,
- que profesaren por obra la fe.
- Oh Cristo Redentor,
- todo lo predeterminaste, incluyendo el nuevo pacto de la gracia;
- que se consumó por tu excelso amor,
- con el derramamiento, en la cruz del Calvario, de tu preciosa sangre.
- Oh Santo,
- nadie podía reconciliar con el Padre al mundo, sino, el Todopoderoso Señor y Salvador Jesucristo, el único Dios;
- porque en Él no hubo pecado,
- para redimir a las sépticas almas de sus ancestrales pecados.
- Oh Eterno,
- no hay lugar en el universo, desprovisto de tu omnipresencia.
- Y te bajaste del trono,
- oh Sumo Hacedor, para que morásemos en tu eterna magnificencia.
- Oh Alto y Sublime,
- los cielos de los cielos no te pueden contener.
- Y el alma que no te tiene temor reverente,
- es porque en tu glorioso nombre, no ha podido creer.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.
- Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firnamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad.
- Oh mi Cristo, la impostura sepultará a la humanidad desorbitantemente necia;
- porque nunca ha sido hacedora, por abyecta e incredula, de la perfecta y única verdad.
- Oh Rey de la gloria,
- Tú eres el Omnipotente Creador de la sublime arquitectura universal.
- Y del escogido heraldo, consumada será la victoria,
- al confrontar la Sagrada Palabra con el perverso mal.
- Oh Alto y Sublime,
- sólo Tú conoces los límites de la creación.
- Y tu propósito, oh Señor, es consubstancial al siervo que a tus gloriosos pies se rinde,
- con un contrito y humillado corazón.
- Oh Santo de Israel,
- en tu ministerio público, hiciste innumerables milagros excelsos.
- Y es que, por fe y para fe,
- tus sobrenaturales palabras, resucitaron a los mismísimos muertos.
- Oh Hijo del Hombre,
- Tú eres el unico Dios, que se manifestó en carne.
- Y por amor a tu majestuoso nombre,
- librarás de la muerte segunda, a los siervos que son de tu sagrado linaje.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones.
- No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu corazón;
- porque son vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo.
- Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.
- Aparta de ti la perversidad de la boca, y aleja de ti la iniquidad de los labios.
- Tus ojos miren lo recto, y diríjanse tus párpados hacia lo que tienen delante.
- Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos.
- No te desvíes a la derecha ni a la izquierda; aparta tu pie del mal.
- Oh mi Cristo, de tu Sagrada Palabra emanan las bendiciones,
- revistiéndonos de la gloriosa unción,
- que derrama el cielo.
- En el alma,
- de gracia recibimos,
- oh Señor, los preceptos que nos has verbalizado celosamente.
- Y es que, con los oídos absolutamente abiertos,
- no nos apartaremos de la senda celestial.
- Oh Cordero inmolado,
- en tu muerte, y muerte de cruz, poco antes de expirar, dijiste: Consumado es.
- Y con tu perfecta obra redentora, al que la creyó le hiciste bienaventurado;
- porque rendido a tus santísimos pies, oh Eterno, tuvo verdadera fe.
- Has de aguzar todos tus sentidos;
- porque el gran Yo Soy ha llamado a tu puerta.
- Abre con premura;
- no le hagas esperar más segundos.
- Y el Rey de reyes sanará tu alma,
- para que con exultante regocijo, viva en la gloria eterna.
- No hagas más retrospectivas del infame pasado;
- porque si te has arrepentido;
- Cristo Jesús con su bendita diestra te ha santificado,
- para poder en el día postrero morar en el eterno paraíso.
- Rae de tu espíritu, alma y cuerpo toda maldad.
- Busca el rostro del Omnipotente,
- y la sabiduría de lo alto, te llevará a la única verdad;
- porque el Santo Espíritu, te hará ver en cada indescifrable vicisitud, la excelsa gloria presente.
- Paz de Cristo
- Jesús, dijo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
- Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
- Oh mi Cristo, al que te invocare, toda riqueza en gloria le vendrá;
- porque en tu santo nombre se gloriará.
- Oh gran Yo Soy,
- nadie te pidió, erigirse en un ser de tu universal creación.
- Pero a día de hoy,
- muchos nos cuestionamos, cómo se sustenta con bendita grandiosidad en nuestras vidas, el virtuoso y esperanzador punto de sazón.
- Oh Sumo Hacedor,
- sobrenatural es tu poliédrica belleza, enderredor de la humana y magistral obra.
- Y es que, toda ella es acrisolada por tu sublime amor,
- por ser protagónico, en esta primorosa e inconmensurable historia.
- Oh Sumo Creador,
- Tú no has puesto puertas para el aire, la luz y el agua.
- Tus providenciales vasos comunicantes son su intercomunicador,
- para la excelsa desmesura de tu gracia.
- La Biblia dice: Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.
- Al Dios y Padre nuestro sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.
- Oh Cristo Redentor, Tú en el abominable sacrificio del Calvario, nos diste la más radiante y majestuosa luz,
- para que nuestra alma fuere moradora de la nueva Jerusalén.
- Paz de Cristo
- La Bibia dice: Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.
- Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.
- Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos.
- El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él;
- pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él.
- El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.
- Oh mi Cristo,
- ninguno de tus siervos, estuvo en otro tiempo fuera de lo espiritualmente moribundo.
- Y todas nuestras vilezas, no fueron impedimentos,
- para, oh Rey de la gloria, tener en tu santo nombre fe;
- y esta gloriosa fe,
- nos sacó de un estado nauseabundo.
- Oh Rey de reyes,
- tus piadosos fundamentos,
- nos han revestido de los más grandiosos bienes espirituales;
- para ser fieles, oh Señor, a tus santísimos mandamientos.
- Oh Cristo Redentor,
- tu sacrificio en la cruz del Calvario, es digno de la mayor adoración.
- Y es que, no tuvo tu excelso amor,
- ningún otro parangón.
- Oh Cristo Altísimo,
- tus actos, a cual más piadoso, hemos de interiorizar.
- Y es en el Lugar Santísimo,
- donde para seguir tus pasos de sobrenatural piedad, con celoso fervor nos hemos de postrar.
- Oh Eterno,
- inherentes hemos de ser a tu piedad.
- Porque para dar lugar al cielo,
- hemos de confrontarnos piadosamente con la única verdad.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.
- Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falsos testimonios, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
- El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.
- Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos.
- La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz.
- Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidias,
- sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.
- Oh mi Cristo, del universo Tú eres el gran Rey,
- tuyo es el único y celestial reino, oh Altísimo.
- De santísima pureza, oh Señor,
- son tus bíblicos principios;
- y te darán a conocer la gloriosa plenitud,
- desechando las insidias,
- y lo infame.
- Oh Alto y Sublime,
- en tu terrenal reino,
- nunca podrá encajar la tibieza del pusilánime;
- porque con su obstinada tibieza, le sería una debacle el sagrado cumplimiento regio.
- Oh Sumo Alfarero,
- de forma reiterada has moldeado,
- lo que era un vaso nuevo;
- para que en el arrebatamiento , pudiere ser con tu amada Iglesia glorificado.
- Oh Rey de reyes,
- tus misericordias son nuevas cada mañana.
- Y tus prodigiosos favores,
- son los que dan luz a la obscuridad del alma.
- Oh Todopoderoso Señor y Salvador Jesucristo,
- para regocijo de nuestra existencia,
- nos diste vida desde lo alto con el espíritu,
- para que en la fragilidad del barro, estuviera la excelencia.
- Paz de Cristo
- Jesús, dijo: Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.
- Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?
- Así, todo buen arbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.
- No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.
- Todo arbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.
- Así que, por sus frutos los conoceréis.
- Oh mi Cristo, a los que Tú santificares,
- serán tus celosos siervos.
- Y porque en todos nosotros,
- habitaron los demonios,
- necesitamos con premura, que nos redima la preciosa sangre derramada del Cordero;
- y si por ella fuereis lavados, vuestra efímera existencia con pureza veréis.
- Oh Hijo del Hombre,
- ninguna duda puede tener, de que Tú eres Dios manifestado en carne,
- el que cree en tu majestuoso nombre;
- porque no hay otro nombre, bajo el cielo, en el que la humanidad pueda salvarse.
- Oh gran Dios,
- el anuncio de que Tú eres el Sumo Salvador,
- a muchos les resulta falsaria tal grandiosidad a sus sentidos;
- porque no han interiorizado tu excelso e inmarcesible amor.
- Oh Santo,
- si tuvieramos el meridiano conocimiento de que nos dio vida tu muerte en la cruz del Calvario,
- el temor a nuestra muerte no sería de espanto;
- si supiéramos que la gloriosa vida de nuestra alma, para el que cree, es consubstancial, oh Señor, a tu eterno santuario.
- Oh Eterno,
- gracias de todo mi corazón te doy, por haberme revelado tu santo nombre.
- Porque sé que voy a ver en el inconmensurable cielo,
- la sobrenatural faz del Hijo del Hombre.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.
- Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.
- Oh mi Cristo, en la revelación de tu santo nombre, fuiste a nuestros pies luz de la verdad;
- porque en tu gracia está el sublime candor.
- Oh Rey de reyes,
- por tu gran misericordia, me mandarás un día misterioso,
- de la Sagrada Palabra, el enésimo de tus poeticos mensajes;
- pero Tú me habrás llamado a tu presencia, y entonces te lo escribiré en el paraíso más glorioso.
- Oh Santo de Israel,
- nuestro tiempo es efímero, en el camino donde nos perfeccionas con la Sagrada Escritura,
- Y siempre aunentaste, oh Señor, exponencialmente nuestra fe;
- para transformar nuestro ignominioso ser humano, en una nueva criatura.
- Oh Alto y Sublime,
- la manera más explícita de agradarte, es nuestra postrada adoración.
- Y seré el discípulo esforzado y valiente;
- si aun sin ninguna culpa, mi alma participara, oh Cristo Redentor, de tu majestuoso perdón.
- Oh Cordero inmolado,
- no existe mayor santidad, que la que Tú nos ofrendaste en tu muerte, muerte de cruz.
- Y nadie podrá traspasar la gloriosa puerta del bienaventurado,
- si en su espíritu no obra la Cristocéntrica luz.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.
- Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Éste es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo.
- Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.
- Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
- A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en él seno del Padre, él le ha dado a conocer.
- Oh mi Cristo, ser consubstancial a tu santidad,
- es el gran propósito,
- para morar en la gloria excelsa.
- Y sólo con la unción del Santo Espíritu,
- en la salvífica eternidad se podrá ver.
- Oh Santo de Israel,
- sentir el gozo de tu presencia, es de la bendita gloria su radiante visión.
- Y fortifica persistentemente la fe,
- del que siembra poéticamente tu Sagrada Palabra, oh Señor, en el humano corazón.
- Oh Rey de reyes,
- la revelación de tu majestuoso nombre,
- nos vino dada después de muchos ayes,
- para saciar la espiritual sed, del siervo que hasta la final victoria nunca desfallece.
-
- Oh Sumo Hacedor,
- incensadas oraciones de tu Iglesia, reverberan en el reino de los cielos.
- Y ante el anhelo de recibir tu glorioso amor,
- a tus santísimos pies, postrados en adoración estamos tus irreprensibles siervos.
- Oh Rey de la gloria,
- nada nos apartará de tu magnificente diestra.
- Y en tu eterna memoria,
- testificaremos tus genuinos heraldos hasta lo último de la tierra.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,
- en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,
- entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.
- Oh mi Cristo, Tú nos diste el conocimiento bíblico para ser bienaventurados;
- pero necesitamos estar asidos santamente a tu presencia,
- para guardarnos de las vilezas de Satanás.
- Oh Cordero inmolado,
- Tú derrotaste al maligno en la cruz del Calvario, para deshacer todas y cada una de sus ignominiosas maldades.
- Y de los seres humanos será santificado,
- el que dé sepultura a sus perniciosas vanidades.
- Oh Altísimo Jesucristo,
- amarte a ti primero,
- es biblicamente preceptivo;
- porque, oh Señor, Tú vives en la inaccesibilidad de lo eterno.
- Oh Fiel y Verdadero,
- palpamos tu grandiosa creación,
- cuando iluminan nuestra alma las estrellas del universo,
- y palpita con desmesura nuestro exultante corazón.
- Oh Cristo Jesús,
- Tú eres el único Dios.
- Y por ser el Todopoderoso Señor y Salvador, nos has transformado en hijos de luz,
- para ser tus fieles adoradores por los siglos de los siglos.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo.
- Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.
- Oh mi Cristo, en la senda sagrada, el último obstáculo,
- es la perniciosa altivez de tus infructuosos siervos.
- Oh gran Dios,
- danos un fervor inusitado, en ser hacedores del precepto bíblico.
- Y en tu excelsa diestra guárdanos,
- para cumplir el anhelo de recibir la gloria de tus probos hijos.
- Oh Cristo Redentor,
- Tú venciste con tu muerte al imperio de la muerte.
- Y, a sabiendas, diste vida al que era pecador;
- para que en tu santo nombre, resucitare eternamente.
- Oh Cristo Jesús,
- te damos ilimitadas gracias;
- porque de gracia somos hijos de luz,
- al ser heraldos de las almas necesitadas.
- Oh Todopoderoso Señor y Salvador Jesucristo,
- la invocación de tu majestuoso nombre es nuestra imperiosa prioridad.
- Y es que, el Santo Espíritu
- nos llevará a la gloriosa morada de eternidad.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.
- Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña.
- Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro;
- porque cada uno llevará su propia carga.
- El que es enseñado en la palabra, haga participe de toda cosa buena al que lo instruye.
- No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.
- Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.
- No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.
- Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.
- Oh Rey de reyes, es en el Sagrado Escrito,
- donde la transparencia es meridiana.
- Y la certeza del fiel siervo,
- siempre vio la conducta nefanda y ciega;
- porque le lastra la ambigua actitud del que hace pactos que incumple.
- Pero el Omnipotente atará,
- los que de la ignominia
- son cabos;
- y es que, sólo Él hace justicia, porque en la obscuridad ve.
- Oh Cristo Redentor,
- al que ha interiorizado tu excecrable sacrificio en la cruz del Calvario,
- le conmueve tu humillante crucifixión, y manifiesto fue a renglón seguido, para las hordas de pecadores tu piadoso amor,
- desde la magnificencia del glorioso santuario.
- Oh Santo,
- la exaltación de tu nombre que es sobre todo nombre,
- es como consecuencia del sabio conocimiento derramado de lo alto;
- por el que se nos reveló, que Dios manifestado en carne es el Hijo del Hombre.
- Oh Eterno,
- la parte que Tú no apruebas, es la falsaria impostura.
- Y es que, sepultado quedó el viejo hombre en el bautismo, por el que se hizo fiesta en el cielo;
- para ser en el Todopoderoso Señor Jesucristo, una nueva criatura.
- Oh Rey de la gloria,
- no permitas que los que tienen raíz de amargura, prediquen tu Sagrada Palabra.
- Porque la corona de eterna victoria,
- ha de ser para el siervo, oh Señor, que en santidad te ama.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado.
- Oh alma mía, dijiste a Jehová: Tú eres mi Señor; no hay para mí bien fuera de ti.
- Para los santos que están en la tierra, y para los íntegros, es toda mi complacencia.
- Oh mi Cristo, Tú me has santificado,
- de principio a fin.
- Tuya es, oh Dios, la magnificente excelencia.
- Oh Rey de reyes,
- ayúdanos, para que siguiendo tu bendita senda,
- no cometamos tan burdos errores;
- porque desequilibran nuestra espiritual balanza, siendo perfeccionada por tu excelsa diestra.
- Oh Sumo Alfarero,
- a los vasos que diste gloria, desviados de tu propósito sobrenatural sufrieron pérdida.
- Y Tú, oh gran Dios, les has hecho un molde nuevo,
- para que su naturaleza salvífica sea restituida.
- Oh Alto y Sublime,
- permítenos habitar contigo la eternidad.
- Proveenos sobre el timón, el pulso firme,
- que nos permita dar cumplimiento a la recta y prodigiosa verdad.
- Oh Santo,
- el pusilánime se somete indiscriminadamente a la penumbra del maligno.
- Pero Tú, oh Soberano,
- nos has exonerado de toda obscuridad, haciéndonos libertos de la séptica herrumbre ancestral, con nuestro espíritu quebrantado en el Lugar Santísimo.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
- Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar;
- aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen sus montes a causa de su braveza.
- Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios, el santuario de las moradas del Altísimo.
- Dios está en medio de ella; no será conmovida. Dios la ayudará al clarear la mañana.
- Bramaron las naciones, titubearon los reinos; dio él su voz, se derritió la tierra.
- Jehová de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob.
- Oh mi Cristo, la grandiosidad de tus bendiciones,
- del mal nos podrán desatar;
- es nuestra absoluta certeza.
- Y no es otro, sino el Lugar Santísimo,
- el que nos despoja del lastre inmundo de nuestra errática vida, para que sea de salvación el alma.
- Oh Rey de reyes, es tu excelsa diestra,
- la que no provee de la gracia de Dios.
- Oh Santo de Israel,
- nuestra humana orientación,
- adolecía completamente de fe,
- al ser pétreo nuestro perverso corazón.
- Oh Rey de la gloria,
- cuando estamos a tu lado, nos invade una inexpugnable seguridad.
- Y esta nos llevará a la victoria,
- predicando y siendo hacedores de la santísima verdad.
- Oh Santo,
- Tú eres la roca a la que estamos asidos.
- Y no habrá tropezadero más alto,
- que no puedan solventar tus irreprensibles hijos.
- Oh Eterno,
- en la espesa tiniebla, a vesces, nos involucra el maligno.
- Y es la piadosa bedición que derramas desde el cielo,
- oh Señor, la que con su eterno resplandor, alumbra la senda del glorioso paraíso.
- Paz de Cristo
- Jesus, dijo: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!
- Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.
- Oh mi Cristo, tu preceptos bíblicos, han de ser el gozo que en tus siervos pernanece,
- para que en nosotros tu heredad eterna sea inequívoca.
- Oh Cordero inmolado,
- tu sacrificio en la cruz del Calvario, nos dio la meridiana pauta a seguir para la salvación del alma.
- Y traspasará el umbral del bienaventurado,
- el que de todo su corazón, oh Omnipotente Señor, te ama.
- Oh Rey de reyes,
- las dobleces del que en tu santo nombre es falsario,
- no se corresponde con tus sagradas verdades;
- porque tienen al diablo en su ideario.
- Oh Cristo Altísimo,
- el llamado a tus siervos tubo un propósito de gloria;
- pero la inexistente perseverancia lo convirtió en espurio, al interponerse el abismo,
- y deshacer los mimbres de la anhelada victoria.
- Oh Cristo Jesús,
- ¿lo qué en la ulterior e impostada exaltación se torció, quien lo enderezará?
- Seguros estamos, de que si la retina del ojo no la traspasare tu majestuosa luz,
- la séptica vileza del maligno todo lo asolará.
- Paz de Cristo
- Jesús, dijo: El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.
- Pero hay algunos de vosotros que no creen.
- Oh mi Cristo, tu Sagrada Escritura con la santidad no esta reñida,
- para los sievos que fervientemente la obedecen.
- Oh Cristo Jesús,
- Tú no has dado sabiduría de lo alto.
- Y para predicar el Evangelio de la gracia, como hijos de luz,
- hay que ser indefectiblemente santo.
- Oh Cristo Redentor,
- Tú asumiste la muerte, y muerte de cruz,
- para redimir al errático pecador.
- Y además, el piadoso perdón, colgado del madero, nos revistió a los que tenemos fe de tu sobrenatural luz.
- Oh Hijo del Hombre,
- todos tus pensamientos fueron de Cristocéntrica eternidad.
- Y por ser tu nombre sobre todo nombre,
- de la boca del gran Dios, manifestado en carne, sólo salió la santísima verdad.
- Jesús, dijo: Sed santos, porque yo soy santo.
- Y esto es indubitablemente atribuible al que predica la Sagrada Palabra.
- ¿Por qué desde tu consciente sabiduría de lo alto,
- amas como amó Cristo al que no ama?
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: ¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos;
- de la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos, para hacer callar al enemigo y al vengativo.
- Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste,
- digo: ¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?
- Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra.
- Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies:
- ovejas y bueyes, todo ello, y asimismo las bestias del campo,
- las aves de los cielos y los peces del mar; todo cuanto pasa por los senderos del mar.
- ¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán grande es tu nombre en toda la tierra!
- Oh mi Cristo, de tus verdaderos siervos,
- la salvación es su eterno destino.
- Oh Señor, en la cruz del Calvario, tu preciosa sangre derramaste,
- para justificar a nuestras almas viles.
- Y será la final victoria,
- para los que te seamos fieles.
- Y te exaltaremos a tiempo y fuera de tiempo;
- porque poderte amar,
- es morar en tu gloria excelsa.
- Oh Rey de reyes,
- gracias te damos por haberte glorificado en nuestras vidas.
- E inmerecidamente, oh Eterno, nos has revestido de tus misericordias y favores,
- para ser almas salvíficas.
- Oh Sumo Alfarero,
- nos moldeaste en tu rueda,
- para ser un prodigioso vaso nuevo,
- con una visión eterna.
- Oh Santo,
- no otra cosa, sino ser tus perfectos siervos,
- está en el libro de la vida escrito;
- porque sobre tus hijos, derramaste la bendición de los primorosos cielos.
- Oh Alfa y Omega,
- Tú conoces todos nuestros pensamientos.
- Y anhelamos, oh Rey de la gloria, que tu celestial puerta se abra,
- para morar eternamente en tus sagrados aposentos.
- Paz de Cristo
- Jesús, dijo: He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.
- Al que venciere, yo lo haré columna de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.
- Oh mi Cristo, de gracia recibimos la santidad que de tu majestuoso nombre sobrenaturalmente emana,
- y que permitirá a mi alma traspasar el umbral del santísimo cielo.
- Oh Sumo Hacedor,
- la convicción de pecado del ser humano, le viene dada por el Santo Espíritu.
- Y a su vez es acrisolado por el conocimiento, oh Señor,
- del Sagrado Escrito.
- La Biblia enseña: Y Jehová dijo a Moisés: También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre.
- Él entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria.
- Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.
- Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá.
- Oh Hijo del Hombre,
- guárdame hasta el día postrero de la final victoria.
- Y por ser un siervo ferviente,
- tu excelsa diestra me salvará.
- Oh Cristo Jesús,
- hemos interiorizado la eternidad, con el conocimiento de la Sagrada Escritura.
- Y con tu majestuosa luz,
- nos estás perfeccionando, para ser consubstanciales, oh Rey de reyes, a tu perfecta estatura.
- Oh Todopoderoso Señor y Salvador Jesucristo,
- nada es más glorioso que ver tu santa faz.
- Y guiados por la verdad del Santo Espíritu,
- moraremos a tu lado, oh Eterno, en loor de santidad.
- Paz de Cristo
- Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
- Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos.
- Mas la hora viene, y ahora es cuando los verdaderos adoradores adoran al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
- Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
- Oh mi Cristo, a lo más profundo del corazón es atribuida la adoración que te rinde el hombre,
- a través de tus santificados hijos.
- Porque ellos del agua beben;
- que sacia, oh Señor, a los que en tu santo nombre creen.
- Oh Santo de Israel, de tus prodigios y señales en la sublime grandiosidad del ministerio público,
- nos es sobrevenida la perpetua adoración al gran Yo Soy.
- Porque todo precepto bíblico,
- es pan de vida para tus santos siervos hoy.
- Oh Santo,
- la adoración a tu glorioso nombre, no se puede interrumpir en ningún momento del día ni de la noche.
- Porque nuestra vida, oh gran Dios, Tú siempre estás observando,
- para auxiliarnos prontamente en cualquier nimio percance.
- Oh Eterno,
- el discípulo que te agrada,
- no busca ningún subterfugio para estar fuera de tu reino;
- mas se gloría, oh Señor, al seguir fielmente tu senda sagrada.
- Oh Rey de la gloria,
- a tu imagen, y conforme a tu semejanza fuimos creados.
- Y porque te adoramos, partícipes somos de la eterna victoria,
- lo que por tu gracia somos bienaventurados.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.
- Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.
- Oh mi Cristo, ¿quién podra llegar a la estatura del varon perfecto?
- Al que Tú salvares, oh Señor, gran prodigio de inmensa misericordia será.
- Oh Cristo Redentor,
- sólo Tú podías darnos justicia redentora, para reconciliarnos con el Padre.
- Y fue en la cruz del Calvario, donde te inmolaste con excelso amor;
- y las actas que inculpaban de pecado a la abyecta humanidad, clavándolas en la cruz, por tu sublime piedad las justificaste.
- Oh Cristo Jesús,
- tu paz y tu amor sobrepasan todo entendimiento.
- Y es que, nadie tuvo el privilegio de morar, oh Rey de reyes, en tu inaccesible luz,
- que es donde vives Tú, oh Justo, oh Eterno.
- Oh Sumo Alfarero,
- tu plan de redención,
- moldeó a la humanidad de nuevo;
- y lo que había sido pétreo, fue desde entonces carne en el humano corazón.
- Oh Altísimo Jesucristo,
- Tú eres la estrella resplandeciente de la mañana.
- Y te ofrendamos, oh Santo Espíritu,
- nuestra más grandiosa alabanza.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;
- entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada,
- porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.
- Como no son artificios tus bendiciones;
- tampoco lo es el alma por tu nombre santificada,
- oh Todopoderoso Señor y Salvador Jesucristo.
- Oh mi Cristo,
- desde tu primera venida,
- no se prodigó del Santo Espíritu,
- más inédita profecía.
- Oh Cristo Altísimo,
- la revelación de tu Sagrada Escritura, es el culmen del bienaventurado siervo.
- Porque en el Lugar Santísimo,
- a los que se postran a tus pies, oh Señor, les será dada la misteriosa provisión del cielo.
- Oh Alto y Sublime,
- a tu obra maestra,
- con un diseño primoroso la cubriste;
- para que en su morada de eternidad, fuere espiritualmente hermosa.
- Oh Rey de reyes,
- muy celoso eres de tu excelsa gloria.
- Y asignados fueron ya tus bienes sobrenaturales,
- a los incorruptibles discípulos que coronarás en santa victoria.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.
- Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.
- Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.
- Oh mi Cristo, grandiosidad excelsa,
- es del cielo la sabiduría,
- que instruye a toda alma para vivir en santidad.
- Oh Rey de reyes,
- ser santo de tu heredad,
- cabe en las bendiciones irrefutables,
- de la única y perfecta verdad.
- Oh Hijo del Hombre,
- tu bendita redención en la inicua humanidad, es el celestial fruto del Cordero que nunca hubo pecado.
- Y es por el bautismo en su santo nombre,
- con el que resucitó, el viejo y disoluto hombre sepultado.
- Oh Cristo Jesús,
- de gracia fuimos tus siervos revestidos.
- Y por tu majestuosa luz,
- oh Señor, discurrió la radiante senda de tus irreprensibles hijos.
- Oh Sumo Alfarero,
- son tus manos, las que han de moldear mi alma,
- para ser un nuevo vaso; y así en el día postrero,
- poder morar en la gloria santa.
- Paz de Cristo
- Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;
- y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
- Oh mi Cristo, seremos siervos reprobados,
- si cuando toma cada uno su cruz, el peso de sus pruebas extremas son desechadas por resultarle insufribles.
- Oh Cristo Redentor,
- tu abominable sacrificio en la cruz del Calvario,
- fue absolutamente demoledor;
- porque verbigracia nos reconciliaste con el Padre del eterno santuario.
- Oh Cristo Jesús,
- el siervo que se siente satisfecho por el nimio sacrificio que exiguamente esta llevando a cabo en su vida,
- aún no es hijo de la luz;
- porque para llegar a la estatura del varon perfecto, tiene en su déficit una obscura retrospectiva.
- Oh Rey de la gloria,
- nuestra actitud perseverante ha de ser hasta la extenuación;
- porque, oh Señor, para que nos corones en victoria,
- no ha de tener limites, a tus santísimos pies, nuestra inmarcesible adoración.
- Oh Fiel y Verdadero,
- Tú has dado tu vida por nuestra salvación.
- Y estamos cifrando nuestro pusilánime esmero,
- en el estático recuerdo, no superado, de nuestra ancestral perversión.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Saliste al encuentro del que con alegría hacía justicia, de los que se acordaban de ti en tus caminos; he aquí, tú te enojaste porque pecamos; en los pecados hemos perseverado por largo tiempo; ¿podremos Acaso ser salvos?
- Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.
- Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti; por lo cual escondiste de nosotros tu rostro, y nos dejaste marchitar en poder de nuestras maldades.
- Oh ni Cristo, hemos sido permeados,
- por las santísimas alas de tu sobrenatural viento;
- pero seguimos en el séptico refugio, de nuestras fatuas vanidades.
- Oh Santo de Israel,
- en tu prescencia,
- siempre tuviste el título de autor y consumador de la fe,
- para hacernos partícipes de la gloriosa excelencia.
- Oh Cordero inmolado,
- tu obra perfecta la consumaste en la cruz del Calvario.
- Sí, Tú fuiste el Hijo del Hombre crucificado,
- para dar redención al errático ser humano.
- Oh Fiel y Verdadero,
- la humanidad en su ceguera espiritual se cuestiona con absoluta indiferencia la veracidad,
- del cielo y el infierno;
- porque en el necio no ha lugar, oh Señor, a que eres el gran Yo Soy de la doctrina de Unicidad.
- Oh Todopoderoso Señor y Salvador Jesucristo,
- sin fe nadie te puede agradar.
- Y es en la celosa lectura del Sagrado Escrito,
- donde, oh Eterno, la fuente de inagotable gracia, hasta lo más misterioso nos va a poder revelar.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: He aquí, llamarás a gente que no conociste, y gente que no te conocieron correrán a ti, por causa de Jehová tu Dios, y del Santo de Israel que te ha honrado.
- Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.
- Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.
- Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.
- Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.
- Oh mi Cristo, Tú hiciste bienaventurado,
- a tu obra maestra el ser humano;
- pero en su insolencia, él no te quiso amar.
- Desconociendo que el único Dios del cielo, es el que te protegerá,
- de los entenebrecidos asolamientos.
- Oh Rey de la gloria,
- por gracia habitaremos contigo la eternidad.
- Sin embargo, no habrá victoria,
- si el alma no viviere en santidad.
- Oh Sumo Hacedor,
- en interiorizar tu solemne santificación, se advierte una respuesta reaccionaria.
- Y es que, sólo con el persistente amor,
- doblegaremos nuestra perniciosa conducta arbitraria.
- Oh Santo,
- lo que más conmueve nuestro ser,
- es tu sobrenatural milagro;
- porque el trasfondo espiritual podemos ver.
- Oh Eterno,
- consubstancial es a tu santo nombre,
- el glorioso arrebatamiento,
- por ser Tú el Hijo del Hombre.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas,
- sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.
- Más tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.
- Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.
- Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.
- No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.
- El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.
- Oh mi Cristo, la inseguridad en todas las escenas,
- de nuestra improvisada existencia,
- nos ofrece por ineficientes una inmensa duda,
- que por su magnitud no ha sido superada.
- Y, oh Señor, solo suple la precariedad humana, tu excelsa gloria;
- porque con su eterno amor,
- nos ha dado el sobrenatural privilegio de ser sus verdaderos hijos.
- Oh Cristo Redentor,
- tu abominable sacrificio en la cruz del Calvario,
- es la inusitada fe del que ha conocido a su Salvador;
- porque se la reveló el celestial santuario.
- Oh Rey de reyes,
- gracias por habernos revelado tu majestuoso nombre, y sabemos que eres el único y verdadero Dios.
- Y porque creemos en tus gloriosas señales,
- de gracia hemos sido gozosamente sellados.
- Oh Cristo Jesús,
- tu santísima piedad,
- nos ha apartado de las tinieblas, para ver la radiante luz,
- que nos reviste de santidad.
- Oh Sumo Salvador,
- de todos los caminos, uno sólo nos lleva a la gloria.
- Y confiados en la grandiosidad de tu amor,
- seremos indubitablemente coronados en victoria.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.
- Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.
- Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir,
- esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual, los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!
- Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.
- Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles en paz.
- Oh mi Cristo, nunca podrá la humanidad esconder tu execrable ajusticiamiento,
- para redención de todas las almas.
- Al no tener ni principio ni fin,
- oh Señor, las almas que en tu glorioso nombre se salvarán,
- dejaron sepultada a la inmunda estulticia,
- para rendirse a tus majestuosos pies en santidad.
- Oh Cordero inmolado,
- en tu sacrificio abominable,
- todo el martirio Cristocéntrico se hizo para que ningún ser humano fuere condenado,
- y sus almas se reconciliaran con el Padre.
- Oh Santo,
- la impostura sobre el texto bíblico es anatema.
- Y es que, con la falsa interpretación bíblica del fatuo;
- da por hecho, subscribir sin remisión su propia condena.
- Oh Eterno,
- la adulteracion de la Sagrada Palabra, es consubstancial al impostor.
- Y únicamente traspasará el umbral del cielo,
- el que es coincidente con sus hechos, en que Dios es amor.
- Oh Todopoderoso Señor y Salvador Jesucristo,
- revestidos de tu santidad seremos salvos.
- Y la verdad de tu Santo Espíritu,
- predicaremos hasta los confines de la tierra tus genuinos heraldos.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento.
- Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo.
- Oh mi Cristo, es en tu espiritual alineamiento,
- donde sobrenaturalmente me edifico.
- Oh Altísimo Cristo,
- ningún cabo dejaste suelto,
- para toda aberración del que es impío;
- porque de tal iniquidad, tendrá que dar inequívoca cuenta al Eterno.
- Oh gran Dios,
- excelso amor,
- es el que a tu santo nombre profesamos,
- para llenar el universo de inconmensurable loor.
- Oh Santo de Israel,
- de tus sublimes milagros se hace eco cada palmo de tierra;
- porque indeleble huella dejó tu santísimo pie,
- para que nadie, oh Señor, que reciba tu Sagrada Palabra se pierda.
- Oh Hijo del Hombre,
- tu predicación de las buenas nuevas de salvación eterna, contravino a los hipócritas fariseos.
- Y sin saber, que el que daba gloria era tu majestuoso nombre;
- la despiadada chusma te crucificó, para precipitarse por el abismo de los obscuros infiernos.
- Paz de Cristo
- Jesús, dijo: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
- Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.
- El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creido en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
- Y ésta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
- Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.
- Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.
- Oh mi Cristo, toda duda sobre el Evangelio, es para ti una ofensa.
- Porque los que en tu santo nombre creen,
- son siervos consagrados.
- De la Sagrada Palabra, son hacedoras las almas,
- que a tus pies están rendidas,
- por los siglos de los siglos.
- Oh Cristo Redentor,
- tu majestuoso perdón fue diametralmente opuesto a la autocomplacencia.
- Y es que, en tu piadoso amor,
- únicamente vive la sobrenatural excelencia.
- Oh Rey de reyes,
- de tu celestial santuario,
- nos has dado los perfectos bienes,
- que guiarán a nuestro espíritu, para guardarse de la perversidad del letal sicario.
- Oh Sumo Alfarero,
- nunca será por tu rueda desestimada,
- el alma que quiera nacer de nuevo;
- porque como el oro, por el fuego será probada
- Oh Cristo Jesús,
- tu gozo es nuestra fortaleza.
- Y el anhelo de tus santos siervos es vivir en tu inaccesible luz,
- culmen de la vida eterna.
- Paz de Cristo
- Jesús, dijo: Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por si mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
- Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que pernanecece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
- Oh mi Cristo, Tú eres el primero y el último, el principio y el fin.
- Y por ser el autor y consumador de la fe, lo sobrenatural podemos ver.
- Oh Cristo Redentor,
- con tu sacrificio y muerte en la cruz del Calvario, nos diste redención y vida eterna.
- Y, oh Señor,
- el paraíso será nuestra morada de paz excelsa.
- Oh Hijo del Hombre,
- nadie, si no Tú, oh Dios,
- se pudo manifestar en carne, para darnos a conocer tu glorioso nombre.
- Y nos has dado salvación, al ser tus hijos; no por obra de varón, sino por tu Palabra engendrados.
- Oh Santo,
- caminamos con diligencia hacia la eternidad.
- Y es, oh Rey de la gloria, tu sabiduría de lo alto,
- la que nos ha dado el conocimiento de la única verdad.
- Oh Eterno,
- por tus señales y prodigios,
- a tu amada Iglesia arrebatarás al cielo.
- Y únicamente veremos tu santa faz, oh gran Dios, tus santos hijos.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: Pero, ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas;
- la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia,
- por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,
- siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,
- a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados,
- con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.
- Oh mi Cristo, Tú las profecías se las revelabas,
- para su cumplimiento de excelencia.
- Y en futuros tiempos,
- sería conocida su plenitud,
- por los siervos bienaventurados,
- en cuya reverberación de sus corazones habitaba la celestial luz.
- Oh Cordero inmolado,
- no hubo impedimento para tu humillación hasta la muerte, y muerte de cruz.
- Y después del escarnio y vituperio, y con tu cuerpo de latigazos lacerado;
- aun con tu majestuoso perdón, oh Rey de reyes, no hubo en su obscuridad ningún atisbo de luz.
- Oh Sumo Alfarero,
- te era necesario dar a cada vaso nueva forma en tu rueda,
- por su ignominia maltrecho;
- para que doblegando su ignorancia, tuvieran conocimiento, oh Rey de la gloria, de tu redención a la humanidad perversa, con piadosa gratuidad dada.
- Oh Cristo Jesús,
- Tú venciste al imperio de la muerte con tu muerte.
- Y en lo más ignoto del universo, resplandeció tu majestuosa luz,
- para que sepa, que Tú fuiste Dios manifestado en carne, el inmenso orbe.
- Oh Sumo Salvador,
- Tú fuiste el Hijo del Hombre,
- con tal candor,
- que in eternum adoraremos en vigilia perpetua tu santísimo nombre.
- Paz de Cristo
- La Biblia dice: ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!
- Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?
- ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?
- Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.
- Oh mi Cristo, en tus misterios vivimos;
- y será en el día postrero,
- cuando al siervo bienaventurado,
- le des por habitación la nueva Jerusalén.
- Oh Santo,
- nada puede esquivar la gloriosa obra,
- de tu poderosa mano,
- que desde la eternidad y hasta la eternidad fielmente nos sustenta.
- Oh Eterno,
- se rasgó de arriba abajo,
- y fue tu velo;
- el que con su majestuoso perdón, nos redimió del séptico pecado.
- Oh gran Dios,
- gracia recibimos en nuestra existencia,
- para ser tus hijos consagrados;
- y todos los cabos se ataron, oh Señor, por tu bendita paciencia.
- Oh Todopoderoso Señor y Salvador Jesucristo,
- Dios manifestado en carne, fuiste Tú en la humanidad.
- Y ahora, no estamos huérfanos por tu Santo Espíritu,
- que nos guía a la única y perfecta verdad.
- Paz de Cristo
- Jesús, enseña: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí.
- Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.
- Oh mi Cristo, al obviar tus mandamientos, tomaron por costumbre los dictados humanos al fin;
- estableciendo como norma, la impostura de falsarias bendiciones.
- Oh Cristo Redentor,
- la pureza de tu obra perfecta en la cruz del Calvario, tornó el fariseismo ancestral en sublime luz de la verdad.
- Y subyació el grandioso amor,
- de las almas en santidad.
- Oh Cristo Altísimo,
- la mentira lastra al ser inicuo.
- Y sumido en el obscurantismo,
- lo somete al devenir maldito.
- La Biblia dice, Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de cristo estáis revestidos.
- Y no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.
- Oh Rey de reyes, los siervos que creemos en el nombre que es sobre todo nombre, de gracia somos bendecidos;
- para llevar a toda alama, oh Señor, de las tinieblas a tu admirable luz.
- Oh Santo de Israel,
- Tú eres el Rey de la gloria.
- Y anhelamos sobredimensionar nuestra fe,
- para que nuestra heredad, sea la celestial victoria.
- Paz de Cristo