- Oh mi Cristo,
- sólo tu sublime verdad,
- discurre por el perfecto camino,
- que es el de la sobrenatural santidad.
- Oh Santo de Israel,
- enséñame el surco recto,
- que hace el arado fiel;
- para conocer con imperecedero gozo, el misterioso paraíso del Eterno.
- Hasta lo último de la tierra,
- predicaremos en tu santo nombre.
- Porque de la gloria excelsa,
- Tú eres, oh Soberano Rey, el Hijo del Hombre.
- Paz de Cristo

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