Oh Cristo, de la siembra Santa,
el fruto es perfecto.
Escudriña la Palabra,
y el poder de lo excelso será manifiesto.
La semilla guarda
el misterio del Creador.
Su forma externa resulta rudimentaria;
pero germinará, para dar a conocer la Gloria del Sumo Hacedor.
Todo obedece
al tiempo de Cristo, nada disiente a su excelencia.
En el ser humano, lo diametralmente opuesto acontece;
porque su naturaleza, pone el acento en la displicencia.
Oh Señor Jesús, el cenit de tu Creación,
es insolente al extremo.
Duro tiene el corazón,
y su espíritu se torna soberbio.
Admite la corrección a su contumaz manera de pensar,
cuando observa su ínfima inteligencia.
Y da toda la potestad,
oh Glorioso Señor, a tu Majestuosa Omnisciencia.
Paz de Cristo
No hay comentarios:
Publicar un comentario